CRIAR SIN VIOLENCIA

Mitos

En Uruguay la violencia contra los niños, niñas y adolescentes está naturalizada. Esto significa que el uso de métodos violentos en la crianza de los niños al interior de las familias es visto como algo normal y no reprobable. En muchas ocasiones responde a la repetición del modelo de crianza que tuvo el adulto durante su infancia, por lo que no solamente lo considera “normal”, sino que lo identifica como un método eficaz a la hora de poner límites a los niños. Según investigaciones realizadas por UNICEF en Uruguay estos son algunos de los mitos o creencias de los adultos respecto a la puesta de límites con violencia.

Te pego porque te quiero

El cariño nunca se demuestra a través de los golpes, ni la humillación. Utilizar métodos violentos para educar o corregir a los niños es hacer uso abusivo del poder que los adultos tienen sobre ellos. Lo único que les genera es miedo, daño y sufrimiento.

La violencia que ocurre dentro de las familias es una cuestión privada, no debemos meternos

La violencia hacia la infancia es un tema que concierne a la sociedad en su conjunto. Todos tenemos la responsabilidad de actuar si estamos en conocimiento de una situación de violencia hacia un niños o niña, ya sea denunciando o relatando la situación a una institución cercana a la vida del niño.

Se aprende mejor a través del dolor / “La letra con sangre entra”

Los niños que son educados con métodos violentos, solo aprenden qué tienen que hacer y que no tienen que hacer para evitar el enojo del castigador. Si a los niños les ponemos límites de forma no violenta les ayudamos a fortalecer el control de sus impulsos, a actuar de acuerdo con su voluntad y pensamiento, y no por imposición o miedo.

Los gritos e insultos no dejan secuelas en los niños

Las agresiones verbales dejan consecuencias en la autoestima de los niños. Las palabras que los adultos utilizan para referirse a los niños se convierten en verdades absolutas para ellos, sobre todo si estas provienen de sus referentes afectivos más significativos.

Mis padres me pegaron y yo crecí bien

Los niños que crecen con adultos que emplean métodos de disciplina violentos tienden a mostrar una menor autoestima y peores resultados académicos, son más hostiles y agresivos, menos independientes y más proclives a al abuso de sustancias peligrosas durante la adolescencia.

Una palmada a tiempo es más efectiva para poner límites que hablar o intentar convencer

La única aparente “ventaja” de utilizar el castigo físico para que el niño haga caso es que se consigue obediencia rápida, pero de corto efecto. La violencia física no enseña a portarse bien, sino a evitar el castigo.

Los niños de hoy no son como los de antes. No respetan la autoridad de los adultos

Los adultos de hoy tampoco son como los adultos de antes. Las relaciones familiares se han democratizado y nos desafían a ser más tolerantes, comprensivos y menos autoritarios. Los adultos son quienes deben encontrar alternativas a la puesta de límites en forma violenta.

Te pego por tu propio bien

Así sea con el fin de educarlos o de hacerlos “mejores personas”, la violencia física como forma de disciplinamiento afecta negativamente y compromete el desarrollo físico, social y emocional de los niños.