CRIAR SIN VIOLENCIA

¿De qué hablamos cuando hablamos de violencia y crianza?

Educar a los niños, niñas y adolescentes para que se autocontrolen y comporten adecuadamente es una parte integral de la disciplina en todas las culturas. Cuando madres y padres ponen límites a sus hijos e hijas, buscan fundamentalmente que dejen de hacer algo que consideran que no está bien o aprendan a hacer algo. Independientemente de cómo lo hagan, la mayoría de las personas adultas tienen la intención de educar a los niños, niñas y adolescentes a su cuidado.

Los niños pueden sufrir distintas formas de maltrato, pero cuando se trata de disciplinarlos las dos formas que aparecen son el maltrato psicológico o físico. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de las madres y los padres, con demasiada frecuencia los métodos para disciplinar se basan en el uso de la fuerza física o la intimidación verbal. En muchos casos no es una decisión meditada, sino simplemente la consecuencia del desborde de los adultos por situaciones personales, junto a la falta de conocimiento de métodos para disciplinar que no utilicen la violencia. Cualquier adulto podría transformarse en una madre o padre violento si no encuentra formas de contener sus propias emociones de agresividad y si desconoce o invalida otras prácticas alternativas de crianza sin violencia.

Algunas madres y padres reproducen el modelo de disciplina que vivieron de niños, ya que son las pautas o patrones de conducta que aprendieron y desconocen cómo relacionarse de un modo diferente con sus hijos e hijas. Por otro lado, nuestro contexto cultural valida el pegar o insultar a los hijos e hijas como modelo de crianza. Expresiones como “una buena paliza a tiempo previene un mal mayor”, “a mí me lo hicieron y no me pasó nada” nos muestran el nivel de desconocimiento sobre las consecuencias físicas, psicológicas y sociales de la violencia en la vida de los niños y niñas. De esta manera, la violencia se normaliza y se coloca en un lugar invisible.

» El maltrato psicológico es cualquier actitud que provoque en el niño o la niña sentimientos de descalificación o humillación, incluye la agresión verbal, amenazas, intimidación, denigración, ridiculización, hacer sentir culpa, o manipulación para controlar a los niños, niñas y adolescentes.

» El maltrato físico, también conocido como castigo corporal, se refiere a cualquier castigo que incluya el uso de la fuerza física con la intención de causar cierto grado de dolor o malestar, por leve que sea; por ejemplo, pegar a los niños, ya sea con la mano o con algún objeto.

Los adultos a veces caen en el uso de estos métodos porque carecen de mejores herramientas y porque descubren que es más fácil que el niño haga caso si teme a la violencia. Pero eso no es educar: es amedrentar o doblegar. La violencia física o psicológica no enseña a portarse bien, sino a evitar el castigo. Por ese camino, los niños solo aprenden qué es lo que tienen que hacer para no enojar al castigador, pero no maduran emocionalmente.
Si a los niños les ponemos límites de forma no violenta, si les enseñamos a pensar y actuar, fortalecemos su capacidad de auto-regularse y no por imposición ni miedo.